miércoles, 25 de marzo de 2015

Carta a ti: II parte

Carta a ti
II parte

Dime qué más necesitas. ¡No! Mejor cállate, porque temo oírtelo decir de nuevo. No quiero oírtelo decir de nuevo: "no quiero nada de nada, porque tú no sabes nada". Y seguramente tendrás toda la razón, pues tú amigo sabes muchas más cosas que yo, cosas que quieres quedarte para ti.

Lo que más me duele es que un día me despertaré con un recuerdo empañado de tu voz, con una ligera idea de lo que era besarte: sabor a galleta mojada con toques a canela. Para siempre el recuerdo de tus besos será una galleta sabor canela que no me despertará otra cosa. Esa otra cosa que ahora me encoge el corazón como un garbanzo duro. Y sé que piensas que soy una loca, bien, piénsalo, porque así al menos me estarás pensando.

De nada servirá revisitar esos lugares donde los encuentros duran ya más en mi memoria que en la realidad, de nada ir a espararte a la salida, esquivando gente que no quiero ver. El esfuerzo que me supone un encuentro fortuito, el hielo, el garbanzo que se repliega con ahínco en medio del pecho. 

Sé que un día me levantaré por la mañana, cigarro en mano y café en la boca, y de pronto ya no lo sentiré más. Sólo un pequeño agujero que me habrá traspasado el pijama, y me lo miraré extrañada de que ahí mismo hubiera tenido un garbanzo agarrado a la carne.

Querido amigo, me despido. Mira que termino la carta tal y como empieza. Final cíclico, final clásico y pensarás: "Qué trillado y qué loca", pues tú sabes de estas cosas y de tantas otras... Cosas que yo no entiendo, amigo, y que solo pensar en oírtelas decir me forma un nudo en el pecho, otro más de nuevo, ¿cuántos más?

Querido amigo, me despido a la espera de que llegue la mañana en que no tenga que ir a revisitarte nunca más.

Mientras tanto, te extraña tu amiga,

María Laura Deshayes


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