martes, 26 de mayo de 2015

"De porqué a viejo loco le gustan las niñas"



La primera vez que conocí a viejo loco de inmediato me di cuenta de que le gustaban las niñas. Se humedecía los labios en cuanto aparecía una. Yo aparecí en su campo de visión. Tenía quince años. No lloré, no me gustó ni me dejó de gustar, sencillamente aprendí. Viejo loco me sacaba unos diez años, lo de "viejo" era nuestra broma particular. Me ganó con una poesía mal escrita y un coche de segunda mano donde me desvirgó. Me sentía afortunada, supongo, un chico mayor con alguien como yo. Algo debía haber visto en mi rostro o en mi carácter. Tal vez me lo susurró una de esas veces en los asientos traseros cuando yo miraba el techo desconchado y su dedo hurgaba en mis estrechas profundidades. Apartaba mis piernas, y las recuerdo como si no fuesen parte de mi propio cuerpo, colgando de un lado para el otro, ahora arriba, ahora a los lados. Sudábamos la tapicería de aquel coche sin aire acondicionado donde quedaban impresas las marcas de mis nalgas. Sí, definitivamente le gustaban las niñas, esta niña sudada más que ninguna. Del porqué de esta preferencia nunca lo supe con seguridad, solamente una sospecha, la que me dejó en la mente aquella chica mayor de la discoteca. No la recuerdo, pero sus palabras se me grabaron para siempre: "Si no fueras una cría, te darías cuenta de que va a joderte la vida".  Lo que ella no sabía es que ya me la había jodido.




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